4.- Reconocer mi mayordomía

MAYORDOMÍA RECONOCIÉNDOLA Y PRACTICÁNDOLA

 

Ayudará a cumplir el Requisito 3.3 del Paso de Princesa

 

(Mateo-6:19-33)

 

 

 Este pasaje forma parte del Sermón del monte, y tiene que ver con la mayordomía de la vida total; tanto material como espiritual. Mateo 6:33 es un resumen de toda la enseñanza: "Buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas."

Quizá debemos empezar con la pregunta: ¿Qué significa la palabra MAYORDOMO? Un mayordomo no es el dueño, sino el administrador o el cuidador de la propiedad de otra persona.

Y la segunda pregunta será: ¿De quién somos mayordomos los seguidores de Cristo? La respuesta será: Somos mayordomos de nuestro Señor.

Todo cristiano pertenece a Dios porque él lo compró con el precio de la vida de Cristo.

Primera Corintios 6:19, 20 dice: "¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros? Porque habéis sido comprados por precio: glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios."

Este pasaje nos hace reconocer que no somos "dueños" de nuestras vidas. No debemos pensar que tenemos el derecho de hacer lo que nos da la gana, todo lo que somos y todo lo que tenemos pertenece a Dios y nosotras somos solamente administradoras, para la gloria de nuestro Dios.

Hay quienes dicen: "Mi cuerpo es mío. Haré con él lo que quiera. Si me da por fumar, beber y drogarme, nadie puede decirme nada en contra." ¡Qué equivocación más grande! El dueño de nuestras vidas tiene todo derecho a decir lo que hemos de hacer. Y todo lo hace para nuestro bien y para hacer que el mensaje de salvación llegue a todo el mundo.

Otros dicen: "Mí dinero es mío. Yo daré un poquitín a la iglesia, pero la mayor parte de mi dinero lo necesito para mí." ¿Cómo puede ser esto? Buscad PRIMERAMENTE el reino de Dios.

Es muy común que las jóvenes piensen: "Voy a elegir mi vocación o mi compañero de la vida según mis ideas. Quiero ser rica o, quiero tener un marido muy guapo y muy rico."

No podemos decir que los ricos no pueden servir al Señor, pero la riqueza no puede ocupar el primer lugar en el corazón. El joven cristiano o la joven cristiana tiene que pensar primero: "¿Cuál es el plan de Dios para mi vida? ¿Qué quiere el Señor que yo haga para poderle servir en esta vida? Mi vida pertenece a él."

También debe el creyente pensar en el uso de los dones que el Señor le ha dado. Todos tenemos dones y todos debemos hacer algo en el servicio del Señor. Hay personas que dicen que no tienen ningún don; pero no es así. Dios ha dado a todos alguna habilidad con la cual pueden servir a su Señor. Como lo dice Pablo cuando escribió al joven Timoteo (1 Timoteo 4:14): "No descuides el don que está en ti, que te fue dado. . ."

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