4.- Lema

LEMA

"Levántate, resplandece, resplandece, porque ha venido tu luz" Isa. 60 :1

 

Ayudará a cumplir el Requisito 3 del Paso de Doncella.
 
 
Desde el año 1913 este versículo ha sido el lema de la SAN, las Niñas y Jovencitas en Acción y las Mensajeras del Rey. Miles de niñas lo han aprendido de memoria. Pero ¿cuantas de ellas  saben lo que significa estas palabras? Vamos a examinarlo y estudiarlo para entenderlo mejor y poder ponerlo en  práctica en nuestra vida.
 

¡LEVÁNTATE!

La palabra levántate es una orden a alguien que se encuentra en postración e inactividad. Cuando tú tienes que ir a la escuela, tu mamá viene a tu cuarto y te dice “levántate”. ¿Porqué tienes que hacer algo … tienes que ir a la escuela.

         Este mandato en este versículo es para las personas que se encuentran caídas en lo espiritual, que necesitan de alguien que les ayude a levantarse, para que les dé ánimo. ¿Qué es lo que impide a las personas levantarse de una postración? Es el pecado. La Biblia dice “Por cuanto todos pecaron y están destituidos de la gloria de Dios” Romanos 3:23.

         La voz del Señor en los tiempos de Isaías es también una invitación para ti y para mi. “Levántate”, dice el Señor Jesús y él te ofrece su mano para que la tomes y te levantes.

¡PORQUE HA VENIDO TU LUZ!

La razón porque debes levantarte es “porque ha venido tu luz”. La luz que ha venido de Cristo. El es la luz del mundo. El dijo en Juan 8:12 “Yo soy la luz del mundo”. ¿Por qué dijo esto? Porque un luz sirve para quitar la oscuridad. La gente andaba en las tinieblas porque había pecado. Cristo vino al mundo y pagó el precio para liberar del pecado cuando murió en la cruz.

Entonces, cuando una persona pide perdón por sus pecados e invita a Cristo a morar en su corazón, él le quita toda oscuridad y llena su vida con la luz de su presencia. Es cuando como uno enciende la luz en un cuarto oscuro. La luz llena el cuarto y quita toda oscuridad. Así hace Cristo en nuestra vida cuando le recibimos como nuestro Salvador personal. Nos llena de la luz de su esencia y nos quita toda oscuridad.

Tú necesitas la luz de Cristo. La necesitas en tu diario vivir, para ver los peligros que a cada paso te pone el enemigo. Necesitas la luz para ver tus fallas. Pero lo más importare es que necesitas la luz para poder ver el camino que debes seguir en la vida.

Una vez que has recibido la luz de Jesús, debes compartirla con otros. Jesús dijo: “vosotros sois la luz del mundo… Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro padre que está en los cielos” (Mateo 5: 14ª,16). Entonces, el mandato de “levantarse” para ti porque ¡porque ha venido la luz de Cristo a tu corazón!

¡RESPLANDECE!

Hay dos mandatos en el versículo. Uno es “levántate” y el segundo es “resplandece”. No basta levantarte si no vas a hacer algo. ¡Debes resplandecer para Cristo! ¿Cómo lo haces? Aquí te damos algunas maneras de resplandecer.

Resplandece por medio de tu vida. Debes vivir de tal manera que otros deben ver a Cristo reflejado en ti. Significa cuidar tu vida espiritual por medio de la acción, la confesión de tus pecados al Señor, el estudio de la Biblia y la participación en los cultos de adoración. Quiere decir ser un buen ejemplo de fidelidad a Dios y a tu Iglesia. Debes actuar como una verdadera cristiana siguiendo el ejemplo de Cristo en tu diario vivir.

Resplandece por medio de la mayordomía. Debes administrar bien tu dinero, tu tiempo, tus dones. Significa llevar tu diezmo al templo y entregarlo al Señor y también dar ofrendas para la obra del Señor, especialmente para las misiones. Significa dar tu tiempo con alegría para servir al Señor y a los demás. Quiere decir utilizar los dones que el Señor te ha dado para servirle a él en la Iglesia, en tu hogar y en tu comunidad.

Resplandece por medio de las buenas obras. Significa ayudar a otros por amor de Cristo. ¿Cómo lo haces? Puedes visitar a un enfermo, animar al desanimado, consolar al afligido, ayudar al ciego, apoyar al sordo, alegrar al anciano, alimentar al pobre, amar al huérfano.

Resplandece por medio de tu testimonio. Tú puedes testificar con tu vida, por tu manera de vivir; pero también debes testificar por medio de tus palabras. Es decir, que debes hablar de Cristo. Debes decir a los inconversos lo que Cristo ha hecho en tu vida y explicarles cómo ellos también pueden conocer a Cristo como su salvador personal y el Señor de sus vidas.

EL MENSAJE ES PARA TI

¿Estás lista para obedecer los dos mandatos? Tal vez no quieras sacrificarte mucho para servir al Señor y te gustan las cosas fáciles. Pero escucha, para ti es este mensaje, “levántate y resplandece”. No es tiempo de estar dormida, la obra del Señor te necesita.  ¡Debes ponerte en pie para servir al Señor!¡ “El maestro está aquí y te llama!” (Juan 11:28).

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