Cómo nos guía el Espíritu Santo

        Conversaban un astronauta ateo y un cirujano; el astronauta le decía: yo no creo que Dios exista,

cuanto fui al espacio no lo vi, y eso que pasé todas las nubes, salí de la atmósfera, rompí la gravedad, llegué al cielo y no lo vi, a lo que contesta el cirujano: yo he operado muchos cerebros, y tampoco he visto ningún pensamiento sin embargo creo que existen.

De la misma manera sabemos que el Espíritu Santo existe cuando lo percibimos en el corazón porque es Dios mismo hablándonos a nuestro ser corazón y pensamiento lo percibimos con nuestros sentidos y lo aceptamos por fe, dado que Cristo señaló que nos lo dejaría mientras él regresaba, para consuelo nuestro.

 

EL ESPÍRITU SANTO: UNA PERSONA MARAVILLOSA

Hoy pensemos en una persona maravillosa. Quizás ya vive en tu propio corazón, pero no tienes mucha noción de ella. Es bueno que te intereses en conocer y retener la "ima­gen" de esta persona. Es el Espíritu Santo, la Tercera Persona de la Trinidad de Dios, junto con Dios el Padre y Dios el Hijo. Participa de la vida de Dios y por lo tanto posee las mismas capacidades o atributos. Es eterno, sabio, todopoderoso y puede estar presente en todo lugar, al igual que el Padre y el Hijo.

 

¿QUIENES POSEEN EL ESPÍRITU SANTO?

En épocas anteriores a Cristo, el Espíritu Santo tomó posesión de determinadas personas que Dios necesitó para misiones especiales, y moró en ellas todo el tiempo que duró esa misión. Tal es el caso de David, Sansón y otros. Pero el día de pentecostés, el Espíritu Santo vino a morar sobre la iglesia reunida. (Lee Hechos 2:1-4). Desde entonces, él vive en el corazón de toda persona creyente en Jesucristo.

 

¿EN QUE CONSISTE LA DIRECCIÓN DEL ESPÍRITU SANTO?

El ha prometido guiarnos "a toda verdad", dice Juan 16:13. El nos enseñará y recordará "todas las cosas", según dice Juan 14:26. Pero, ¿cómo reconocer esa guía? ¿En qué consiste su dirección? ¿Qué medios usa?

Presta atención y lo sabrás de inmediato. Citaremos tres de los medios que usa.

 

1.  Usa las Escrituras

El Espíritu Santo es el autor de la Biblia y, en con­secuencia, usará la Palabra para guiarnos. Cuando tengamos dudas o queramos dirección acerca de cualquier asunto, pen­semos en la Biblia. Recordemos la promesa de guiarnos, enseñarnos y recordarnos todas las cosas.

La Biblia contiene muchas exhortaciones y mandamien­tos. Si algo está indicado allí, no necesitamos otra indicación. Simplemente obedezcamos. Consideremos dos ejemplos.

Hace años una compañera creyente se puso de novia con un joven inconverso y, según 2 Corintios 6:14-18, esto no es conforme a la voluntad de Dios. Pero ella decía:

—Cuando estuve por iniciar mis relaciones, oré pidiendo dirección, y Dios no me dijo nada.

Ya que la respuesta está bien clara en la Biblia, esta joven no debió esperar ninguna otra indicación. Dios ya ha hablado.

El resultado te lo puedes imaginar, mi amiga se apartó del evangelio.

El segundo ejemplo es éste. Cuando mi nena tenía cinco años, quise inscribirla en una buena escuela primaria. La directora me dijo que con esa edad no era posible, pero que podía solicitar al jefe del registro civil, un certificado de nacimiento donde constara que mi niña había nacido un año antes.

—Es cuestión de cambiar un solo número —argumentó la señora.

Pero el Espíritu Santo me recordó que eso significaría una mentira, y en obediencia a la Palabra de Dios, descarté allí mismo la idea.

Recordemos: El Espíritu Santo nunca nos guiará a hacer algo en contra de lo que dice la Biblia, sino de acuerdo con ella.

 

2.   Usa las circunstancias

En otras ocasiones el Espíritu Santo necesitará usar otros medios. Supongamos que la chica de quien hablamos más arriba hubiese querido ponerse de novia con cierto muchacho creyente. "Muy bien", podríamos pensar, "este es el joven indicado". Sí, y no.

Dios tiene un plan para cada vida, y él sabe qué joven debe casarse con qué señorita. Así que, creyente y todo, la joven cristiana con toda humildad deberá consultar a Dios en oración. Si el Señor no está de acuerdo, él pondrá alguna cir­cunstancia adversa, "cerrará las puertas" para que el noviazgo no prospere. Si está dentro de su plan, "las abrirá", obrará de modo que pueda realizarse, y esos jóvenes estarán seguros de gozar de la dirección del Espíritu Santo.

Esto puede aplicarse a distintas experiencias en la vida.

 

3.  Usa un sentir interior

En muchas oportunidades él habla por medio de un sen­tir interior, podríamos decir que es una voz que habla muy bajito, pero que inconfundiblemente procede de él. Esta voz ha sido oída por muchos misioneros y siervos del Señor. Por este medio, no sólo los llama a la obra, sino que indica el lugar y el tipo de trabajo a realizar.

No encontraríamos en la Biblia la localidad o el país donde él quiere usarnos, ni tampoco la tarea específica. Pero el Espíritu Santo se encargará de hacérnoslo saber.

 

¿COMO RECONOCER LA DIRECCIÓN DEL ESPÍRITU SANTO?

Romanos 12:1, 2 contiene cuál debe ser nuestra actitud para que el Espíritu pueda hablarnos. Dice: "Así que, herma­nos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional. No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena volun­tad de Dios, agradable y perfecta."

Esto requiere de nosotros una voluntad enteramente ren­dida y un deseo profundo de hacer la voluntad de Dios. Así, abrimos la puerta a esa gloriosa experiencia que es la dirección del Espíritu Santo.

LA BARRERA ENTRE "RECONOCER" Y "ACTUAR"

Puede ser que busquemos la dirección de Dios pero que una vez que la conocemos no estemos dispuestos a hacerla, por no convenir a nuestros intereses o sentimientos mezqui­nos. Estaremos colocando una barrera entre el conocer y el actuar.

Ofendemos profundamente la sensibilidad del Espíritu cuando reconocemos lo que él quiere y no actuamos de acuerdo con él. No queremos hacer eso, ¿verdad? En todo momento recordemos que nos ama y que nos señala siempre lo que es mejor para nosotros.

Entonces, ¡a vencer la barrera! ¿Cómo?

Es muy sencillo. Si creemos que él nos está guiando en una dirección, debemos tener fe que él hará lo mejor en todo y para nuestro bien. Asidos de esa fe, doblegaremos nuestro yo y nos someteremos a sus indicaciones. "Hágase tu voluntad" será nuestra oración más ferviente.

¿Nos sentimos capaces de buscar la dirección del Espíritu Santo? ¿Estamos dispuestas a vivir ese tipo de vida? Digamos como el salmista: "El hacer tu voluntad, Dios mío, me ha agradado." Salmo 40:8.

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